Imagine un país que no tiene ningún premio Nobel y, de repente, uno en química decide retirarse a esa tierra por sus cálidas playas y preciosas montañas. El Nobel es un gran catedrático universitario y un prolífico investigador científico. Cuando intenta ir a enseñar en la Universidad Nacional, no lo dejan ni cruzar la puerta: “Aquí solo se permiten catedráticos nacionales”, le dicen, “y en todo caso, todavía le haría falta el posgrado en docencia superior”. Luego, decide ver si puede apoyar alguna investigación en un laboratorio farmacéutico. En la empresa le explican: “Lo sentimos, pero hay una ley que impide que los extranjeros practiquen la química y, aunque fuera nacional, esos títulos y premios no le sirven de nada. Tiene que pasar la reválida”.